Los poblados de Londres y Belén se disputan ser la “cuna del poncho” en Catamarca. Allí, donde la tradicional prenda es una institución, se utilizan antiguas técnicas indígenas.
Los artesanos tejedores, herederos de tradiciones ancestrales trabajan la lana de oveja, de llama o de alpaca para transformarla en un cálido poncho, cuyo toque final será el colorearlo con un teñido a base de fibras naturales, con tintes del monte nativo, frutas, verduras y otras hierbas. Aunque, dicen los que saben, que el típico poncho de Belén lleva la guarda lisa y blanca que, en general, se extraía del lomo de la vicuña, que actualmente está protegida por estar en peligro de extinción.

Catamarca, mas especificamente el departamento Belen, es en este lugar en el mundo donde incas y diaguitas dejaron su huella, luchando entre sí primero y enfrentando a los conquistadores españoles después, se caracteriza por la gran cantidad de artesanos que trabajan día a día en la confección de ponchos, la prenda nacional por excelencia, que en estos pagos en una institución, una marca registrada.
Foto Gentileza El Esquiu.com
Belén es una de las cuencas textiles artesanales más importantes del país, y cuenta con destacados artesanos reconocidos y premiados a nivel nacional e internacional. Acá, el visitante puede vivenciar, ver y aprender, el trabajo cotidiano de hilanderas y tejedoras.
Los maestros artesanos nos cuentas como se confecciona un poncho:
“Trabajamos a partir de un vellón de lana, lo trabajamos, lo hilamos manualmente y a partir de allí tejemos nuestros ponchos con diseños tradicionales de nuestros antepasados. No nos enseñaron en ninguna escuela”

Los ponchos están hechos de dos piezas, que se cosen en el centro con un punto de bordado formando un pequeño dibujo, llamado mosca. Existen, también, ponchos tejidos de una sola pieza, con un ojal realizado con tramas discontinuas. Los colores y diseños son creación de cada artesano del telar, que aprendieron de sus antepasados las técnicas, secretos y paciencia que ello amerita.

Los clásicos tintes son el marrón, el beige y sus gamas, y en las guardas resaltan los blancos sobre los negros. Algunos tejedores hacen exquisitas combinaciones de tonos en degradé, sencillamente terminados en un ribete con flecos.

Los ponchos de vicuña se tejen con la urdimbre de vicuña y la trama de hilo de algodón mercerizado, a veces con hilo de seda. Con hilo de alpaca se tejen chalinas y ponchos entre otras prendas, que suelen tener diseños de grescas, hechos con la técnica del amarrado.

El choque entre la cultura aborigen con la europea, en simbiosis maravillosa, ha producido los más suaves hilados de los ponchos de vicuña y los puyos de llama, que se pueden adquirir directamente de los artesanos que los producen.

En tejidos de vicuña ningún lugar de la tierra es capaz de disputar con la maestría de la población belicha. Es un privilegio exclusivo que en vano se trataría de explicar su cómo y su porqué. En todas las exposiciones internacionales en las cuales se exhibieron estos tejidos obtuvieron los mayores galardones, para Belén, para Catamarca y para el país.

La confección de una manta, un poncho, una chalina o un corbatín es un proceso extenso y complicado, ya que en esta actividad incide una serie de elementos y actividades secundarias, como ser el hilado, torcido, urdido y enlizado.

Las telas son realizadas en lana de vicuña, de oveja, de llama, tomada al natural la materia prima o teñida según las mil combinaciones de la industria casera.

Hoy por hoy, Belén representa la mayor actividad en la industria telera de la provincia de Catamarca. Un alto porcentaje de la población es artesana. Se estima que aproximadamente un 15 % del total de la población belicha realiza esta actividad. Los tejidos de Belén son actualmente conocidos en todas partes, haciendo del poncho criollo, la prenda de abrigo práctica por excelencia. Aún hoy se continúa con el hilado manual y el teñido con tintas vegetales y mordientes caseras, verdadera ciencia de la naturaleza que convierte a los ponchos belichos en los mejores del mundo. No sin razón llaman a Belén la cuna del poncho.