Dice que baila con pasión y que el baile es su vida, Nadie lo conoce por sus nombres y apellido: José Antonio Díaz. Para todos, es el “Pepe” Díaz. El bailarín.

El querido “Pepe” Diaz dijo que descubrió su vocación por las danzas siendo muy niño y destacó “Fue cuando era muy niño. Mi mamá me llevó al conservatorio “Mario Zambonini” (en esa época por calle Maipú entre San Martín y Chacabuco), donde hice los primeros pasos de baile. Tenía a dos grandes profesores como lo fueron Nacha Bares y Olga Moreno. Allí fui dos o tres años y, de paso, esperando que me busquen de mi casa, me inscribieron en la clase de poesía y declamación. Después fueron pasando los años y me recibí como profesor de danza. Luego, siendo más chango, un poco más grande, la profesora Olga Moreno me incorporó a su conjunto de danzas. Antes se denominaban así: conjunto de danzas o conjunto de baile, lo que ahora llamamos ballet. El  conjunto de danzas se llamaba “José Ramón Luna”, un gran poeta catamarqueño. Me acuerdo de algunos compañeros de esos tiempos: Chito Vergara, Nena Figueroa (una gran bailarina), por ejemplo. En esa época se competía para armar la delegación para ir a Cosquín. Te estoy hablando cuando tenía alrededor de 14 años. En una de esas idas a Cosquín fuimos con Silvia Zerbini, quien hoy es la directora del Ballet Folklórico Nacional. Pasé posteriormente a formar parte del ballet “Flor de Tusca”.

Cuando mi mamá me llevó al conservatorio “Mario Zambonini” tenía 8 años, hoy tengo 73. Saquemos la cuenta: 65 años con la danza. Desde los 8 no paré más. Con “Flor de Tusca de Tusca” participamos de la primera edición de la Fiesta Nacional del Poncho (julio de 1967), junto a  (Luis Manuel) “Manolo” Rodríguez, Jorge Collantes. “Manolo” era ya un referente de la danza y para mí lo sigue siendo; sabe mucho, es buena persona y como profesor era muy exigente (un paréntesis en la charla: según el Álbum de Oro de la 1ra. Fiesta Nacional del Poncho, el ballet “Flor de Tusca”, además de los nombrados, lo integraban Selva Castro, María Teresa Collado, Jovita M. Fernández, María A. Serrano, Yolanda R. Vizgarra, Miguel G. Martínez y era dirigido por el profesor Juan Carlos Lugones). En cuanto a Juan Carlos Lugones, aparte de ser un excelente hombre, era muy buen profesor. Con él aprendimos muchísimo y nos llevó por numerosas partes. Debo decir que el baile me llevó por muchas partes, incluso fuera del país por cuatro veces. Te cuento: tengo un carnet de bailarín profesional que me otorgó, como a otros bailarines, el maestro (“El Chúcaro”) Santiago Ayala; un carnet que nunca lo mostré en ningún lado y esto lo conoce solamente mi familia.

Diaz dijo tambien que El baile me marcó para siempre: es lo que hice, lo que hago. Soy feliz por la familia que tengo, por mi mujer, por los hijos y ahora por los nietos. ¡Todos bailan, hasta el más chiquito, que tiene 3 años, ya anda queriendo zapatear! Por supuesto, yo quiero que  baile, después será él el que decida, cuando sea más grande.

Me di con todos los gustos que se puede dar un bailarín arriba del escenario, sin ser un gran bailarín. Soy consciente que sólo soy “Pepe” Díaz, el que baila folklore y nada más. Uno de esos gustos que hablaba fue disfrazarme de payaso para subir a un escenario y bailar. Y lo hice en una de las ediciones del Poncho, oportunidad en que habíamos preparado una galería de artes y espectáculos, una pareja de tango y el payaso, que era yo. También bailé con Mario Machaco y Norma Re, una pareja de bailarines que salió de la escuela de “El Chúcaro”; para los “Diablos de la Danza”; con Juan Saavedra (al mismo que Peteco Carabajal le dedicó “El bailarín de los montes”), a quien conocí cuando estaba con Santiago Ayala y al que consideré en su momento el mejor bailarín del país. Recuerdo que en esa época bailábamos en un circo en Buenos Aires. Hacía tres funciones y a nosotros nos tocaba bailar los viernes. Nos llamábamos “Los argentinos” y hacíamos (con Juan Saavedra) persecución, zapateo, boleadoras, de todo. Cuando se levantó el circo a Juan lo perdimos de vista porque se fue a Francia y volvió años después.

Cuando se le preguntó que era lo que mas le gustaba bailar dijo La zamba. Porque tiene esa particularidad del galanteo permanente; hay una comunicación muy directa a través de los gestos y esa cadencia tan singular que tiene la zamba.

Finalmente “Pepe” Díaz nos habla de su familia. Su esposa se llama Elva Delgado. Tiene cuatro hijos, “por orden de cigüeña” dice: Laura, Marcia, Juan y Maxi, y siete nietos. Todos bailan, ¡hasta los yernos! (Con una amplia sonrisa) El yerno que no baila, queda fuera de la cancha. Te cuento una costumbre de la familia: los fines de semana “tirarse” un asadito en la casa de alguno de mis hijas o en mi domicilio. Después, por supuesto, me gusta mucho compartir con amigos, compartir cosas, escuchar música y, si se puede, bailar también. Respecto de los amigos, me gusta encontrarme con los que te demuestran que son amigos. Me hace muy bien el saludo de la gente en la calle; mucha gente que no conozco, pero que me demuestra su afecto”.

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