Dejar Catamarca para ir a estudiar en Córdoba y recibirse de Ingeniero Industrial, es algo que hizo Agustín Amorena, un tiempo atrás. Partir de su Alemania natal, llegar a la “Docta”, capacitarse en turismo, fue lo propio de Johanna Burkhardt. Conocerse sí fue de ambos, como así también construir el vínculo de pareja que los une desde un tiempo a esta parte.

El otro fragmento de la historia, le corresponde a todos los trabajos que agarró Agustín y luego soltó –uno de ellos en Alemania–, además de los tantos viajes que realizó Johanna. También a la decisión de darle vida, juntos, a un proyecto después de algunos amagues: convertir un garaje abandonado del centro en “Café Cacán” (Prado 673), una cafetería que incorpora los sabores que brotan de tierras catamarqueñas y le da su espacio a lo tradicional.

Esta nueva propuesta gastronómica que invita a hacerse conocer, abrió sus puertas en mayo de este año y sorprende los paladares de aquellos que comienzan a acercarse por curiosidad. En la carta, hay cafés con gustos de frutos autóctonos, como el de algarroba, tusca, mistol, higo y chañar. Ofrece desayunos y meriendas con denominación europea y los clásicos. Además, es posible armarse un yogurt a gusto, combinando granola, frutas frescas, cereales, semillas, etc. Allí, los celiacos encuentran un lugar para comer dulzuras y los veganos, para probar variedades de sándwiches de vegetales con nombres indios. Cabe mencionar que la mayoría de los alimentos están hechos con productos frescos de proveedores catamarqueños.

El café, en su estructura física, tiene distintos sectores: una barra, el de las típicas mesas para estar acompañado, un sillón para el que se quiere poner cómodo y un mesón extenso para quienes van a trabajar –hay wifi– estudiar o simplemente compartir una conversación. Otra curiosidad, es que las sillas además de ser –todas– diferentes, fueron restauradas, rescatadas del desuso y otras adquiridas en una casa de antigüedades o a través de un grupo de Compra-Venta en las redes sociales.

Las paredes son verdes y color crema, de tono ameno, al igual que la música. También hay cuadros y un marco sobreviviente que, junto a unos pequeños broches de madera, contiene varias postales escritas en alemán y dirigidas a Johanna. Predomina la onda vintage y se parece a ningún otro lugar.

En “Café Cacán” los dueños también son empleados y por eso a veces andan a las corridas.  Llevan un pedido, intercambian algunas palabras con un comensal y dedican unos minutos  para contar más de esta propuesta novedosa.

En cuanto a la gestación del café, Agustín revela: “Estaba (trabajando) en una fábrica y no quería saber más nada. Había tomado la decisión de irme y estaba buscando acá (en Catamarca) hacer algo relacionado con el turismo. Se lo planteé a ella (a Johanna) el venir para acá. En septiembre nos vinimos con la idea de hacer esto. Empezamos a armar todo y no teníamos mucho presupuesto, fue bastante a pulmón”.

Desde su apertura hasta estos días, “Café Cacán” recibe “cada vez más gente. Al principio nos mirábamos las caras, pero de a poco la gente viene más. Hay gente que viene y te dice: ‘Che, que bueno lo que están haciendo’”, comenta Agustín y Johanna destaca que “tenemos mucha gente que vuelve, que ya vino, todas las semanas. Para mí, personalmente, está muy bueno ver que la gente vuelva. Eso quiere decir que hay algo que estamos haciendo bien”.

Lo que yo observo acá es como que la gente todavía no le da mucho valor a lo que uno tiene, a los productos propios. Hay tantas cosas ricas y distintas que hacen la diferencia: es lo que queremos hacer nosotros, no queríamos ser una cafetería más. Volver a las raíces, ver qué es lo que tenemos acá al lado y no lo industrial. Apoyar la economía local, que es muy importante. Y saber de dónde viene lo que comemos”, agrega Johanna.

Ubicación: Prado 673 (Capital).

Facebook: https://www.facebook.com/cafecacan/